¿Crees en el destino? · 31 de agosto de 2015

19:00:00



Hoy os traigo... ¡Mi primera novela!

Actualmente, está en Preventa en Amazon, y su lanzamiento está previsto para el 10 de septiembre.
Además de la sinopsis, 
¡os adjunto el primer capítulo para que podáis ir contándome vuestras impresiones!

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Araceli F. Rovira
  Autopublicado
En preventa



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¿Qué pasaría si la noche de tu despedida de soltera, te das cuenta de que vas a casarte con el hombre equivocado?

Carlota conoce a Nico en su despedida de soltera y se da cuenta de que es un error casarse con Sergio. Su relación hace tiempo que está rota pero se niega a ver la verdad, hasta que lo conoce a él.

¿Qué pasaría si una noche cualquiera, conoces a la mujer de tu vida?

Nico, después de una ruptura de lo más dolorosa con Laura, conoce a Carlota, una chica que le devuelve las ganas de vivir. 

¿Puede el amor cambiar tu vida en una sola noche?

¿Crees en el destino?
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1


— ¿Diga?— contestó Carlota al descolgar su teléfono.
— ¡Car! ¿Cómo lo llevas?— Lidia, por supuesto.
— Bien, bien. ¿A qué hora vais a pasar a buscarme?
— ¡Sobre las 5! ¿Te va bien?
— Claro. ¿Tengo que prepararme algo?- preguntó Carlota.
— ¿Además de estar lista para la mejor noche de tu vida?— Lidia empezó a reír sin control, contagiando a Carlota al otro lado del teléfono. —Veamos, solo tienes que escoger unos zapatos sexys pero a la vez cómodos, que puedan conjuntar con cualquier cosa. ¡Ah! Y de la ropa nos encargamos nosotras. — Carlota pudo oír como Lidia cuchicheaba con alguien. — Y ¡anímate! ¡Porque con esa alegría no vamos a poder ir a ningún sitio! — ¡Por cierto! ¿Está Sergio en casa?
— No, se ha ido hace horas. — Silencio. Carlota no quería ir por ese camino.
— ¡Genial! Entonces haremos sesión de manicura y maquillaje en tu casa. — Dijo Lidia emocionada — ¿Qué te parece?
— ¿Existe alguna manera de escabullirme? — dijo consciente de la locura de su propuesta.
— ¡Imposible!
— Entonces me parece genial — Aunque el tono que usó Carlota no mostraba ni una pizca de emoción. — ¡Aquí os espero!
Miró el reloj que había colgado en la pared de su cocina, y asintió con la cabeza, resoplando, sabiendo que nadie podía verla. A las 5 de la tarde empezaría el calvario.
A Carlota no le apetecía nada el plan que le esperaba aquella tarde, noche o ¡mañana incluso! No quería ni pensar a qué hora terminarían. Sus mejores amigas venían a recogerla, la disfrazarían, la maquillarían, le harían la manicura y según ellas, vivirían la mejor despedida de soltera del mundo. ¡Ja! Como si no lo supiera ya, las mejores despedidas del mundo son aquellas en las que la novia está muy emocionada porque su boda está a punto de llegar, se siente enamorada, no tiene dudas y bla, bla, bla.  Y muy a su pesar, Carlota tenía dudas. No era para nada como ella lo había imaginado, pero había llegado el momento y ya no había marcha atrás.
Dejó de darle vueltas a la cabeza y se fue directamente al armario para poder encontrar los zapatos adecuados, aunque con el desorden que tenía no estaba segura si encontraría algo. Fue mirando uno a uno los pares que iba encontrando, y ninguno le parecía ideal para la ocasión. ¡Qué desastre!
Carlota llevaba todo el día sola en casa, aunque últimamente siempre era así, Sergio tenía muchos planes. Que si hoy voy a jugar a Pádel, que si he quedado con los colegas para hacer unas birras, que si voy a ver mi madre… La cuestión era pasar poco tiempo en casa y con ella. Siempre, en sus despedidas, Sergio le lanzaba un beso fugaz, que pocas veces le llegaba a rozar los labios. Los dos sabían que pasaba algo extraño entre ellos, pero ninguno de los dos era capaz de afrontarlo. Se iban a casar, y así tenía que ser, ya se habían encargado los padres de ambos de recordárselo. Despertó de su ensueño cuando le sonó un mensaje al móvil.
Ei, Car. Los colegas me han liado y nos vamos de fin de semana a celebrar la despedida de soltero. Llegaré mañana por la noche. Disfruta con tus amigas. TQ. Sergio
¿TQ? Carlota se enfureció por segundos pero respiró hondo para volver a calmarse. ¿Que la quería? ¡Y por qué no era capaz de demostrárselo! Esto no tenía ningún sentido. ¡Estaba furiosa! ¡Muy furiosa! Sabía perfectamente que Sergio la quería, pero ya no sabía de qué modo… Además, no tenía el valor de decírselo a la cara mirándola a los ojos, al menos, ya no lo hacía. ¡Cobarde! Todo había cambiado y no sabía que había podido ser. O sí. O no le interesaba verlo, porque quizá la verdad era demasiado dolorosa. Quizá el amor se había terminado y ya solo quedaba cariño. ¡Tantas veces se lo había planteado! Carlota se había ido informando y había leído muchos artículos en los que se decía que el amor no duraba para siempre, sino que existían unos años de pasión, que luego pasaban a convertirse en cariño y que era ley de vida. En los momentos de lucidez, aunque no estuviera muy de acuerdo, aceptaba que era lo que le estaba pasando con Sergio. Estaban en otra etapa del amor, en la que la pasión y el deseo ya no eran el centro de la relación, donde el sexo había pasado a ser secundario…por decir algo. Y parecía que había que aceptarlo.
Decidió que no respondería su mensaje, la verdad, es que no sabía que decirle. Aquella compenetración que habían tenido durante tantos años había desaparecido, se había esfumado completamente. Respiró hondo y decidió cambiar el chip, necesitaba espabilarse, así que fue directa al baño y se metió en la ducha. Aún tenía bastante tiempo por delante, así que decidió tomarse su tiempo y disfrutar de un baño relajado.  Al salir y secarse un poco con la toalla, se puso crema hidratante por todo el cuerpo, cuidándose un poco y preparándose para aquella gran noche. Recordó que no podía maquillarse porque sus fantásticas amigas lo harían por ella. ¡Genial! Pensó irónicamente. Se puso ropa cómoda para estar por casa y con la intención de olvidarse del mundo un rato, se colocó los cascos de su iPod, aquellos que eran enormes y le tapaban toda la oreja, y lo encendió. Se metió de lleno en la música que de estos emanaban y se volvió loca por unos minutos, bailando, saltando y dando vueltas. Acostumbraba a hacerlo cuando necesitaba sentirse feliz y aquel era el momento ideal.  Además, así se distraería un rato antes de que viniese la troupe.
Una hora después, estaba acabando de secarse el pelo cuando sonó el timbre. Puntuales, sus amigas llegaron a las 5 de la tarde. Entraron con fuerza, con emoción  y Carlota no tuvo más remedio que contagiarse. Debía dejarse llevar por ellas. Había decidido pasárselo bien, así que cambió su cara triste por una gran sonrisa y les ofreció una copa de champán.
— ¡Sí! Champán, champán, champán. — dijo Blanca en un tono musical.
Carlota fue a la despensa que tenían en la puerta de detrás de la cocina y se fijó en las botellas de vino y de champán que había allí. No acostumbraban a beber mucho en casa, por eso tenía donde elegir. Decidió escoger una botella que le habían regalado sus suegros hacía dos Navidades, de una marca que no conocía… ¡pero seguro que debía ser carísimo! Pensó que era una gran ocasión para estrenarla, así que con una sonrisa, cogió 6 copas del mueble bar del comedor y descorchó la botella haciendo que la casa se llenara de carcajadas. Tina fue directa al ordenador portátil que Carlota tenía encendido y cómo llevaba consigo un pen con música para bailar, lo conectó al aparato. En unos segundos empezó a sonar una música pachanguera que las contagió de alegría y movimiento al instante.
Entre risas, bailes y gritos de emoción, maquillaron a Carlota, le hicieron la manicura francesa, le plancharon el pelo a conciencia y la vistieron con un vestido ajustado cortísimo de color rojo, con un escote de escándalo y dejando entrever una liga negra. ¡Qué locura! Cuando Carlota se miró al espejo, no podía parar de reír, no solo por su atuendo, sino por las copas que ya llevaban encima.
— ¡Estas increíble! — dijo Lidia. Ella misma se había encargado de comprar aquel vestido para ella. Había decidido romper con el estilo de Carlota e innovar, demostrándole que podía ser sexy, que podía estar guapísima si así se lo proponía.
— ¿Estáis seguras de que queréis que vaya así? Creo que es demasiado atrevido… Quizá si fuera un poquito más largo… ¡Se me ve la liga! — Carlota estaba escandalizada. Acostumbraba a vestir de manera más sencilla, evitando siempre llamar la atención. Pero parecía que sus amigas estaban dispuestas a cambiar por completo su look de aquella noche.
— ¿Atrevido? ¡No seas monja, cariño! — Todas empezaron a reír sin parar, dando a Carlota el ok y diciéndole que estaba fantástica. — ¡Te queda perfecto! ¡Estás súper explosiva! Además, no tienes otra opción…
— No sé qué deciros…
— Digas lo que digas, vas a salir a la calle así. ¡Ve acostumbrándote!
Empezó a mirarse bien al espejo, por delante y por detrás. Se tocó su pelo, se acercó para ver su maquillaje y aunque realmente no estaba acostumbrada a verse así, se sintió guapa, atrevida e increíblemente sexy. Respiró hondo, miró a sus amigas, y con la cabeza bien alta se dirigió hacia la puerta, lista para salir. Sentía que se podía comer el mundo, y decidida, salió a la calle con la intención de pasar una de las mejores noches de su vida.
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